viernes, 3 de febrero de 2017

2 de febrero de 2017

Día de tamales, día de recomenzar

Hoy es un día normal. Al llegar te veo y mi corazón se acelera. Trato de despertarte, te hago cosquillas y te hablo. No respondes. Insisto. Ahora parece que estás en proceso de despertar, te quejas del sueño y quieres volverte a tapar. Te concedo cinco minutos y sonríes con los ojos cerrados. Definitivamente el día ha comenzado.

Ya haces muchas cosas, te puedes vestir sola y aunque no te lo he enseñado, ya podrías poner la ropa al derecho. Primero te levantas y me das un abrazo, ese primer abrazo que me inunda con su calidez y su inocencia. Te llevo a tu cuarto y te vistes, mientras no paras de hablar, en ese lenguaje tuyo que aún no está completo pero que no impide que transmitas tu alegría de empezar este día, con toda la energía que tienes y sabiendo que sin importar lo que pase hoy, seguro la vas a pasar muy bien.

Ahora el desayuno. Aún no he podido organizarme bien, pero hoy toca cereal de quinoa... es curioso porque en realidad todos los días toca eso, pero igual lo recibes como si fuera tu idea y estás contenta. Mientras estás en eso yo practico mis dotes de peinador, aún incipientes porque estoy esperando el día que pueda hacerte una trenza sin que salga todo raro. Es probable que lo aprendas a hacer tu sola primero y yo seguiré practicando... al menos hasta que te hartes y no quieras que te ayude más. Por lo pronto disfruto de ese momento en el que estás tranquila y esperas que termine mi labor. Hay días que queda mejor, pero me puedo conformar con que hoy no parezca gallinero alborotado.

Preparar desayuno. Terminar de arreglarse. Buscar las cosas de la mochila. Firmar las tareas. Buscar la lonchera, como siempre no está por ningún lado. Al fin la localizo justo enfrente de mi, donde usualmente está. Debo recordarte que te tomes tu agua. Estás de acuerdo y sé que tendré que recordártelo al rato, eso no es una prioridad por el momento. Están pasando las aves enojadas, la serie no la película y te sumerges en una vorágine de borrones amarillos, rojos, negros, blancos y azules, en contra de otros borrones verdes.

Ya salimos, estás tan entretenida que cuando llegamos tengo que hablarte más fuerte de lo habitual. Creo que te espantaste. Tengo que controlar ese impulso, la inercia del momento no me deja pensar y usualmente el cansancio extremo no me deja ejercer la razón por sobre el sentimiento. Mañana trabajaré ese punto, con todas. Pensar primero la respuesta. Contar hasta cinco. Responder lo contrario. Veremos...

Han pasado varias horas, pero como si te acabara de dejar. Sales de la escuela super motivada y te quieres ir sola. Afortunadamente hacen su trabajo y te alcanzan para llevarte conmigo. Se les hace divertido que quieras irte tu solita, a mi me parece propio de tí, de esta etapa en la que quieres ayudar con todo y aún no te dejo hacerlo todo. Creo que es momento de permitirte hacer cosas, que te equivoques, que te desesperes de no poderlo hacer, de volverlo a intentar y lograrlo finalmente. También es algo que tengo que trabajar mucho contigo.

Llegamos a tu clase de deportes. Estas semanas al parecer estarán haciendo menos actividad, debido a las reparaciones en otras salas. No importa, te están ayudando a sentir texturas, a trabajar en equipo, a coordinar movimientos nuevos. No haces nuevos amigos, esa parte antes era muy necesaria pero quizás ya sea parte del pasado. Ya no te sientes si no haces nuevos amigos rápido. Te pareces mucho a mi, yo solía preferir estar solo y jugar por mi cuenta, los demás no me entendían, todo lo hacían demasiado rápido y yo quería entenderlo todo primero. Creo que debo tener más paciencia contigo, después de todo no tiene tanto tiempo desde que me encerraba en mí y quería hacer más cosas por mi cuenta, sin necesidad de tener a alguien especial a mi lado... o si?

Otra cosa más, debo estar al pendiente de si surge una amiga o amigo en particular. En la clase de deporte no creo que sea el lugar. Demasiado inquietos. Demasiado explosivos y sin ningún apego a nadie.

Has pintado con los pies y las manos. Siempre hay un sol en tus dibujos, espero que eso jamás cambie. Si logro que a pesar de la oscuridad siempre veas la luz, no lo habré hecho tan mal.

Finaliza el día, creo que los jueves de películas en el coche han logrado que no te de sueño, pero quiero hacerlo sólo un día a la semana, no quiero que te vuelvas dependiente de una cosa, como luego le pasa a tu hermana. No sé aún en qué fallamos con ella, o sí lo sé pero no lo he querido aceptar. No es mía, como lo eres tú. No se siente igual. Trato todos los días y cada día debo empezar de nuevo. Es extenuante y no sé si logremos pasar del primer paso. Contigo es más fácil, puedo dar por sentando que siempre me sentiré igual contigo. Como cuando naciste. Eras una cosita rosadita, rayando lo rojito o morado. Demasiado delicada y al mismo tiempo aún no podía creer que lo habíamos logrado y estabas en este mundo con nosotros. No me quería ilusionar pero cuando finalmente te conocí, me pude permitir un destello de alegría, un nudo en la garganta, las lágrimas a punto de salir y supe enseguida lo que era sentir el amor incondicional.

Llegamos a casa. A bañarse. Te prometo ayudarte a vestir y te vas contenta al baño. Preparar comida. Demasiado dolor de cabeza. Ya llegaremos a eso. Cuando voy a ayudarte, resulta que ya estás vestida. Alegría total. Ahora a comer. Quisiera estar todo el tiempo contigo, pero debo dejarte. Por hoy hemos terminado. Amén.